“Los muertos,
con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca”
Miguel Hernández
Va haciendo un siglo ya
de que viste la luz,
alicantino de Orihuela,
y aquí
mi generación no olvida aquella foto
granulada y sin semitonos
que te mostraba
imberbe como nosotros y arengando
a las tropas rebeldes
de la España republicana.
Cada vez que me inunda la culpa
de no garantizarle asepsia a mis versos,
cada vez que rindo mi pluma
a los pies de la humana lucha
viene a mi mente el muchacho
que en calabozo franquista
consumió sus mejores años.
Decíme si a tu modo no fuiste
el Paquito Urondo que soñó
con aquel tapado de armiño
a través de las rejas
(que, como todos sabemos,
son lo único irreal
porque lo real es la lucha)
Los latinos de este sur acostumbramos
llamarnos Íbero Gutiérrez
si somos orientales,
y Javier Heraud si somos peruanos
(veintinueve balas en el cuerpo
del joven poeta andino,
trece en el del bardo uruguayo)
Si somos nicas acostumbramos
llamarnos Leonel Rugama,
y si oriundos de un País Pulgarcito
en tal caso Roque Dalton.
Seminarista y combatiente el primero,
el segundo juerguista y revolucionario.
Poetas ambos.
A veces nos queman
si somos guatemaltecos
como a Otto René Castillo en
la Sierra de las Minas,
o nos acribillan en Ayacucho
como al hermano Edgardo Tello.
Liras del Hombre Nuevo.
Solemos ser Roberto Obregón,
El Aprendiz de Profeta capturado
por el ejército en la frontera
de El Salvador,
y es sabido que también caímos
con Ricardo Morales Avilés
en tierras de Sandino.
Contigo meditamos en la sombra
como Rony Lescouflair
y Jacques Viau - abatido a los 23 años -
en el Haití de Duvalier.
Como el tuyo fue este intento
de amar, pelear, sentar presencia
en un tiempo turbulento.
Y aún ante un siglo nuevo
sigue siendo Frank País
quien escribe nuestros textos
y el moncadista Raúl Gómez García
y no hay poder que trunque su vuelo
ni con el arma de la censura
ni con medio siglo de bloqueo.
Nunca se seque entonces
tanta sangre, tanta tinta
- compañero del alma, compañero -
dedicada a mejorar la vida.-
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Acerca del autor

Biobibliografía
Jorge Falcone es nieto de poeta.
En 1988 obtuvo el Primer Premio de Poesía Editorial Amaru, otorgado por Vicente Zito Lema.
Fue Director de Relaciones Públicas de la Sociedad Argentina de Escritores.
Dicta un Taller de Redacción en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina.
En 1988 obtuvo el Primer Premio de Poesía Editorial Amaru, otorgado por Vicente Zito Lema.
Fue Director de Relaciones Públicas de la Sociedad Argentina de Escritores.
Dicta un Taller de Redacción en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina.
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